Grito Libertario

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El Primer Grito Libertario del 25 de mayo de 1809, fue uno de los hechos más importantes para Bolivia y América Latina porque un grupo de patriotas decidió poner fin a más de tres siglos de opresión y dominación colonial, acto que fue preámbulo de los gritos libertarios en varios otros países a partir de 1810.

Este hecho surgió a raíz de algunas noticias, que llegaban a esta parte del continente donde daban a conocer sobre la invasión y traición de las tropas francesas dirigidas por Napoleón Bonaparte contra España con el pretexto de llegar hasta Portugal.

Las noticias que circulaban a nivel de nuestro continente preocupó a las autoridades americanas, que en muchos casos no sabían cómo reaccionar, si apoyar al Rey de España o apoyar al nuevo Rey Francés, o luchar contra los invasores franceses.

De esta forma llegaron noticias hasta la Audiencia de Charcas de que Carlota Joaquina hermana de Fernando VII y que pertenecía a la monarquía portuguesa, tenía la intención de ingresar a nuestro territorio para gobernar en representación de su familia hasta que ellos fueran liberados.

A raíz de este tipo de comentarios y noticias surgió la preocupación de la población que provocó que el 24 de mayo de 1809 el regente de la Audiencia de Charcas José de la Iglesia, convoque en forma extraordinaria al Tribunal a una reunión en su domicilio donde se debería tomar medidas de precaución para que se respeten sus derechos.

El 25 de mayo, el padre Félix Bonet, provincial de Santo Domingo junto al capitán Santiesteban previno de esta reunión al presidente de la Audiencia de Charcas, Ramón García Pizarro sobre la conspiración y acuerdos secretos que se gestaban, para evitar la posibilidad de ser gobernados por extranjeros.

Teniendo conocimiento de estos hechos Pizarro emitió mandamientos de prisión, contra varias personas deteniéndose a Jaime Zudáñez, uno de los defensores de los pobres.

Por ese motivo se tocaron los campanarios y esencialmente la del Templo de San Francisco que fue denominada la Campana de la Libertad convocando al pueblo para reunirse en la plaza principal para reclamar la libertad de Zudáñez que provocó el enfrentamiento entre gobernantes y el pueblo.

Mientras tanto los alzados habían reunido una apreciable cantidad de pobladores que esperaban el resultado de las negociaciones que emprendió el arzobispo a solicitud de los oidores Ramírez de Loredo y Vásquez de Ballesteros ante el presidente Pizarro, para que éste pusiera en libertad a Zudáñez.

Lamentablemente como la gestión demoraba, ingresó a palacio una delegación compuesta por el teniente coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales, el alcalde provincial Paredes y el Padre Polanco, quienes manifestaron a Pizarro que para mantener el orden debía ordenarse que se replegara la artillería mandada a ocupar posición, y que todas las piezas se pusieran a buen recaudo en el edificio del Ayuntamiento.

Pizarro, mientras tanto había llamado en su ayuda al Gobernador Intendente de Potosí Francisco de Paula Sanz, consideró que la situación se le iba de las manos al no poder dominar el tumulto y, como no tenía noticias de Sanz, cedió a las exigencias de los complotados; mas al verificarse lo allí pactado, los oficiales leales se negaron a entregar las armas, y la guardia que acompañaba a Pizarro abrió el fuego sobre la multitud.

Este atentado provocó algunas víctimas y enardecidos se apoderaron de las piezas de artillería y las emplazaron en las esquinas aledañas al palacio presidencial, en tanto que otros revoltosos se apropiaron de la pólvora y munición guardada por las autoridades.

El fuego entablado por ambas partes, cesó al conocer que Pizarro había dimitido y la renuncia se hizo efectiva ya entrada la noche, siendo aceptada de inmediato, asumiendo de esta manera el mando político militar la Audiencia de Charcas, quienes nombraron como comandante general y gobernador de armas de la provincia de Charcas a Álvarez de Arenales, quién restableció el orden público para preparar la defensa de la ciudad, amenazada por la actitud del gobernador de Potosí.

De esta manera el nuevo general y gobernador reorganizó las milicias de

Chuquisaca y Yamparaez, formando nueve compañías de infantería denominándolas según el oficio que practicaban los individuos que peleaban por la causa de la independencia.

La compañía de infantería comandada por Joaquín Lemoyne; la segunda compañía fue denominada académicos dirigida por el Doctor Manuel Zudáñez; la Tercera compañía fue denominada de plateros por Juan Manuel Lemoyne; la cuarta compañía se designada con el nombre de tejedores a cargo del capitán Pedro Carbajal.

De la misma forma se designó a la Quinta compañía con el nombre de sastres a cargo de Toribio Salinas, la sexta compañía de sombrereros presididos por Manuel de Entrambasaguas, la Séptima Compañía fue la de los zapateros a cargo de Miguel Monteagudo, la Octava Compañía de pintores dirigida por Diego Ruiz, y la Novena constituida por personas de varios gremios dirigida por Manuel Corcuera.

El levantamiento tuvo el apoyo del pueblo a pesar de haber sido gestado por religiosos y estudiantes, lo que obligó a renunciar a Pizarro

Entre los líderes de la sublevación según algunos escritores se encontraban Paredes, Lemoine, Fernández, Mercado Alzérraca, Pulido, los hermanos Zudáñez y otros magistrados y estudiantes.

Mientras Arenales organizaba la defensa siguió organizando la defensa colaborado por ciudadanos y notables caudillos altoperuanos, don Manuel Ascencio Padilla, alcalde pedáneo de la doctrina de Moromoro, a cargo de las tropas que pudo reunir en las regiones de Tomina y Chayanta, atacó al cacique Chairiri, considerado por su crueldad y lo tomó prisionero; los indios partidarios de la revolución lo degollaron y clavaron su cabeza en una pica.

De esta manera Bolivia, dio directrices para emprender la liberación de los pueblos del yugo español y lograr la libertad evitando ser manejados por extranjeros y gobiernos autoritarios y dictatoriales.

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