La Campaña boliviana concluye en paz, con música, baile y seducción de indecisos

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Santa Cruz – A 4 días de las elecciones, la campaña boliviana concluía el miércoles en medio de festejos populares, paz y propuestas de última hora para enganchar a los indecisos, 10% del electorado, pues el restante 90% ya decidió su voto por el presidente indígena Evo Morales (59%), el empresario Samuel Doria Medina (18%) y el ex presidente conservador Jorge Quiroga (9%), según los sondeos.

A horas de imponerse el silencio electoral de 72 horas que se intercala entre el final de la campaña que duró por primera vez sólo un mes, y el acto del sufragio, este domingo 12, los candidatos, además de los 3 que concentran el 86% de los 6,2 millones de bolivianos que concurrirán a las urnas, el ex alcalde de La Paz, Juan del Granado (4%), y el dirigente amazónico Fernando Vargas (1%), velaban sus más contundentes argumentos para persuadir a los electores ya a contrarreloj.

Favorito para ceñirse la cinta presidencial, Morales terminó de conquistar la víspera al electorado de la ciudad de oriental Santa Cruz, otrora bastión de la oposición ultraconservadora y liberal, en un multitudinario mitin que matizaron los grupos Ráfaga, de Argentina, y Bronco, de México y que terminó en sana fiesta en la calle.

El mandatario, que inaugurará el viernes una planta de destilación de hidrocarburos en el gasífero centro este del país, cerraba su campaña este mismo miércoles con una concentración de sus prosélitos en la ciudad andina de El Alto, la tercera más poblada y circunsvecina de La Paz, fidelísima a sus postulados políticos desde 2002.

Por su parte Doria Medina, que el lunes llamó a sus seguidores a una plaza pública de La Paz, los convocó para la noche del miércoles a 900 km de ahí, en El Cambódromo, una pública y kilométrica pista de bailes al aire libre en la ciudad de Santa Cruz, donde descargará lo último de una campaña que lo desgató más que otra cosa, precisamente por sus dichos, opinan los analistas.

Tercero en ascenso en las encuestas, Quiroga ya se despidió el lunes de la apetecida e importante plaza electoral de Santa Cruz, pero no ceja de aparecer en las pantallas y de ser escuchado por la radio. Los medios han sido los principales vehículos de su campaña, pues en poco más de un mes este trotador de calles ha concedido cerca de 1.100 a los medios.

La campaña que a contrapelo de las anteriores en 2009, 2005, 2002, 1997, 1993, 1989 y 1985 dejó a un lado, en términos generales, las calles y el contacto con la ciudadanía, llegaba a su fin como comenzó, en paz aunque en cierto grado virulenta y con un ganador predicho.

En el fondo de la preferencia preelectoral, Del Granado trataba de cobrar algunos puntos más que le permitan anotarse en la composición del Legislativo y salvar la sigla de su Movimiento Sin Miedo, con que gobernó una década la poderosa comuna de La Paz.

Y, Vargas, siempre considerado candidato simbólico, cosechaba las simpatías de un electorado marginal que aún le aplaude haberse opuesto a la construcción de una carretera por la reserva ecológica del Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure, en las selvas del nordeste boliviano aún inconexo del resto del país andino amazónico. Y plagado de negocios privados.

El mapa conceptual de la campaña boliviana, la más corta, sosegada y apostrofada de la historia electoral de Bolivia, dice que Morales postula un país emergente, industrializado y encaminado a convertirse en el corazón energético de Sudamérica.

Dice también de Doria Medina, que ya en lo intangible y subjetivo, parece batirse a duelo con Quiroga por el segundo lugar de la elección dominical o, lo que es los mismo, cabeza de la oposición al favorito Morales, ha ofrecido, como producto único de venta de su campaña, la siembra de Centros de Innovación Tecnológica en todo el país.

Lo mismo que Doria Medina –próspero empresario y zar del cemento– centrado en lo micro, Quiroga le ofrece al electorado boliviano, que con Morales vio crecer en 4 y 5 veces su producto per cápita, de 900 dólares en 2005 a 3.500 en 2014, entregarle una libreta abonada con 10.000 bolivianos (casi 1.500 dólares) de libre disponibilidad con los fondos del erario público.

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