Bolivia llegó a la guerra del Chaco después de cincuenta años de aplicación del modelo liberal que logró una esta utilidad admirable para un país que había vivido la inestabilidad política crónica desde 1839 hasta 1880, en una alternancia entre gobiernos precarios y breves y largas dictaduras.
El agotamiento de la economía abierta y la democracia restringida tenía que ver no solamente con el lógico desgaste de su aplicación, sino sobre todo con la insuficiencia de construir una nación dándole la espalda a la mayoría. La insistencia en mantener un sistema de discriminación y explotación sobre un sector esencial de la nacionalidad, los quechuas y los aimaras que superaban largamente el 50% del te tal de la población, fue el ingrediente que terminó por desmoronar un sistema que había funcionado por medio siglo y que había logrado una razonable modernización tecnológica, pero había insistido en una congelación social todavía pre capitalista (estructura agraria técnicamente atrasada, concentración latifundista, explotación del colono, pongueaje. La crisis estructural que desnudó la guerra del Chaco, no representó sin embargo el final del ciclo oligárquico que en el período posterior al conflicto bélico intentaría mantener el poder, pero está claro que la guerra hirió de muerte una visión de país y abrió definitivamente las puertas para otra realidad, que se construiría dramáticamente en los años posteriores y culminaría en la revolución de 1952.
Los rasgos que el plis mostraba al comienzo de la década de los años veinte son prácticamente los mismos que encontramos en 1931, cuando Daniel Salamanca se hace cargo de la presidencia y comienza el drama histórico de la guerra. Podemos resumir esa realidad en una población que se acercaba a los 2,5 millones de habitantes en un territorio de algo menos de 1,5 millones de km2., una población mayoritariamente rural (más del 80 % del total) y el eje de su vida urbana y de su vida económica en el área andina. La Paz era la única ciudad que sobrepasaba los 100.000 habitantes (150.000 aprox.), Cochabamba se acercaba a los 50.000 y las otras ciudades importantes, Oruro, Sucre y Potosí fluctuaban entre los 25.000 y 35.000 hab. La única ciudad significativa fuera del área andina era Santa Cruz que también se acercaba a los 30.000 habitantes. La economía giraba en torno a la minería y en particular al estaño que representaba más del 70 % del total de las exportaciones. Uno de los aspectos que mostraba la grave debilidad de nuestra economía, en el hecho de que a pesar de que dos tercios de la población se dedicaban a la agricultura, el país era un importador neto de alimentos, incluyendo productos cuyo origen era andino. En otras palabras, Bolivia no se alimentaba a sí misma.
El factor más grave que afrontó el país cuando comenzó la guerra era la crisis económica, la mayor desde los años de la guerra del Pacífico. Las consecuencias de la gran depresión mundial y el famoso jueves negro de octubre de 1929 en el que se desplomó la bolsa de Nueva York, trajo como consecuencia una contracción brutal de la demanda industrial que afectó no sólo los precios sino la producción de ese año. La crisis hizo mucho más severas las condiciones en las que se llevó adelante el conflicto bélico con el Paraguay.
Elizardo Pérez y Warisata
En medio de una situación tal de tensión, había tiempo también para la actividad creativa. Surgió así una de las iniciativas más importantes para la educación. La tradicional visión presidente o cuando menos discriminatoria con la educación indígena, tomó un rumbo nuevo con la obra del gran pedagogo Elizardo Pérez, maestro y verdadero apóstol de la educación.
Pérez cambió radicalmente las ideas sobre la educación indígena. Dijo que ésta debía nacer de la realidad del campo y de lo más importante de la cultura aimara y quechua. Para aplicar sus ideas creó la escuela de Warisata en el pueblo de ese nombre (cercano a Achacachi en el departamento de La Paz) el 2 de Agosto de 931. Fue una experiencia de educación a educadores, que llevó a la práctica por primera vez la idea de que el indio era sujeto y no objeto educativo, que había que tomar los elementos del pasado prehispánico y hacer de la escuela un núcleo productivo. Warisata cambió la mentalidad general en relación a tema tan crucial y a pesar de su destrucción en 1941, sobrevivió en las medidas de la reforma educativa de 1955.
Los derechos sobre el territorio del Chaco y los tratados 1879 – 1913
Los límites internacionales de Bolivia en 1825 estaban referidos a los de la Audiencia de Charcas y se basaban en los títulos coloniales que heredó la República. Si bien es cierto que en algunos casos estos no eran del todo precisos, la soberanía jurídica de Bolivia sobre el Chaco fue siempre reconocida en la cartografía internacional del siglo XIX y el XX hasta la guerra.
El territorio en litigio era un triángulo muy claramente definido por tres ríos. En el norte muy dentro de territorio boliviano el río Parapetí (en el departamento de Santa Cruz, pasa por Camiri), al oeste el río Pilcomayo, al este el río Paraguay y en el sur el vértice de ambos ríos que confluyen exactamente en la ciudad de Asunción. En el norte 19º de latitud, al sur 25º, al oeste 64º de longitud y al este 57º. Las pretensiones paraguayas llegaban hasta el Parapetí, pasando por los departamentos de Tarija, Chuquisaca y Santa Cruz. Bolivia reivindicaba el territorio hasta la confluencia del Paraguay y Pilcomayo, es decir una frontera que tocaba a la capital paraguaya.
En los hechos, el centro del Chaco boreal casi no estaba ocupado salvo pequeños fortines de ambos países. Paraguay había establecido varios puertos sobre el río Paraguay con fuerte inversión argentina y aún inglesa que incluía varias líneas férreas. Los más importantes puertos eran Olimpo, Bahía Negra y’ basado. Bahía Negra estaba casi a 20º de latitud, más al norte del único puerto boliviano sobre el Paraguay, Puerto Pacheco que fue tomado en 1886 por los paraguayos. Los bolivianos en cambio habían desarrollado su penetración sobre el Pilcomayo, con los puestos de Ballivián, Linares y Magariños, pero sin inversión económica ni presencia de población.
Sobre esta realidad en litigio, desde el nacimiento de ambas repúblicas, se hicieron varios esfuerzos por encontrar una solución. El primero fue en 1879 con el tratado entre Antonio Quijarro por Bolivia y e1 canciller Decoud por Paraguay que dividió el Chaco en dos partes a la altura del paralelo 22 el parlamento paraguayo no ratificó el tratado. En 1887 Isaac Tamayo por Bolivia firmó el segundo tratado con Domingo Aceval que dividió el territorio en ángulo recto y en tres partes, noroeste para Bolivia, sudeste para Paraguay y centro a definir por arbitraje. Tampoco hubo ratificación paraguaya.
En 1894 Telmo Ichaso firmó con el plenipotenciario paraguayo Benitez el acuerdo que tampoco fue aprobado en el que se trazaba una perpendicular entre fuerte Olimpo (212) al noreste y Magariños al sudoeste (23º). Pero el tratado más nefasto que firmó Bolivia fue el suscrito en Buenos Aires por Claudio Pinilla con el canciller paraguayo Adolfo I. Soler, que ponía en entredicho nada menos que las provincias Cordillera y Chiquitos de Santa Cruz y la entonces provincia Azero de Chuquisaca. En 1913 Ricardo Mujía logró la caducidad de este trata lo que fue, sin embargo, un caballo de batalla de los paraguayos en las negociaciones ulteriores.

Los Móviles de la guerra

Hay muchas interpretaciones sobre los verdaderos móviles de la guerra. Veamos las dos más importantes:
1.- La tesis más socorrida es la que dice que en realidad fue un conflicto promovido por el imperialismo, que se reflejaba en el enfrentamiento entre la petrolera norteamericana Standard Oil que operaba en Bolivia y la anglo-holandesa Royal Dutch Shell, cuya subsidiaria la Unión Oil Co. iba a operar en el Chaco Boreal. No se puede dudar que la imposibilidad de exportar petróleo boliviano por el río Paraguay, bloqueado por los paraguayos, perjudicaba y aislaba a la Standard. La Argentina pretendía explotar por su cuenta el petróleo que tenía en el norte y la presencia de la Standard en ese país fue hostilizada, negando la autorización para un oleoducto entre Bolivia y Argentina (la Standard construyó clandestinamente un pequeño oleoducto al mencionado país con el que sacó petróleo boliviano). Pero está claro también que en el Chaco boreal no hay petróleo. Todo se hacía sobre presunciones y teóricas reservas que nunca se descubrieron. El petróleo fue sujeto de la guerra no como causa sino como consecuencia del avance paraguayo sobre los pozos bolivianos. La Standard no ayudó a Bolivia en la guerra tal como se podía suponer si la posición al país efectivamente favorecía a sus intereses. Finalmente, el volumen de petróleo producido era francamente insignificante en el contexto de la producción mundial de la Standard. No se justificaba armar un conflicto en aras de intereses más teóricos que reales.
2.- El enclaustramiento marítimo de Bolivia obligó al país a mirar al Atlántico y buscar, a través de un puerto y la libre navegación sobre el río Paraguay, una salida al océano. Por eso, el Chaco se convirtió en región estratégica. Inexplicablemente, sin embargo, Bolivia no llevó las operaciones militares al río Paraguay. Durante casi toda la guerra el escenario estuvo volcado sobre el Pilcomayo, salvo cuando esporádicamente Estigarribia lo llevó al río Paraguay.

Un aspecto fundamental en el conflicto y que explica en bue la medida el éxito militar del Paraguay es el hecho probado de que Argentina tomó desde el primer momento partido por Paraguay. Los intereses de ese país en el Chaco eran mayores que los de los propios paraguayos, las familias Casado (uno de cuyos miembros era cuñado del Presidente argentino Agustín Justo), Gibson, Zeballos y otras tenían poblaciones propias (puerto Casado) ferrocarriles, miles de hectáreas de explotación forestal (quebracho) y ganado. A lo largo de la guerra la hostilidad argentina y su apoyo a Paraguay tuvieron gran influencia en el desenlace del conflicto.

Características del territorio
El Chaco es un territorio de aproximadamente 290.000 km2 que en esos años contaba con una población total de no más de 70.000 almas, en el que se alternan bosques subtropicales con grandes extensiones planas cubiertas de vegetación herbácea y espinosas, con una escasez crónica de agua, mucha arena (con el polvo subsecuente) y un sol de plomo que cae sobre la región. Las lluvias escasas cuando caen inundan el terreno y lo convierten en un barrizal imposible. Víboras, roedores e insectos conforman su fauna. Las tribus de la región eran tobas, matacos, tepietis y choropis.

La falta de agua fue el enemigo número uno del ejército boliviano, integrado mayoritariamente por soldados quechuas y aimaras, acostumbrados a la montaña (a más de 3.000 mts.), temperaturas bajas y espacios abiertos. En contraste, los paraguayos vivían en un medio que les era propio, combatieron acostumbrados al clima y conocedores de su terreno. Bolivia encaraba otra vez un escenario militar alejado de sus centros vitales. Igual que en el Pacífico y en el Acre, su ejército tuvo que recorrer cientos o miles de kilómetros en territorio alejado, sin población propia significativa, sin intereses económicos bolivianos y sin vías de comunicación adecuadas.

La distancia entre La Paz y el fortín Nanawa, el punto más al sur al q le llegó nuestro ejército era de 2.500 kilómetros, mientras que la distancia entre Asunción y Nanawa era sólo de 350 km.

1932 se desata la guerra
Ya hemos visto los acontecimientos producidos en el gobierno de Hernando Siles y la decisión de Salamanca de penetración militar en el Chaco y su ruptura de relaciones con Paraguay. El 15 de Junio de 1932 el mayor Oscar Moscoso y su destacamento tomaron el fortín López que controlaba laguna Chuquisaca (Pitiantuta para los paraguayos) descubierta en mayo del 32 por lo bolivianos, pero que ya había sido ocupada en marzo le 1931 por los paraguayos.

La laguna era un centro de abastecimiento de agua importante en una región seca. Entre el 15 y 16 de julio, los paraguayos retomaron la laguna desalojando a Moscoso del Fortín Mariscal Santa Cruz a orillas de la laguna, que según Bolivia había estado allí desde hacía varios años. El Presidente Salamanca anunció el 18 de Julio en el balcón del palacio quemado que Bolivia no permitiría el ultraje y ordenó la toma de los fortines paraguayos Toledo, Corrales y Boquerón. Entre el 24 y 31 de julio de 1932 se produjeron las acciones y se tomaron los tres puestos, el Cnel. Emilio Aguirre, que murió pocas horas después del asalto, tomó Boquerón el 31 de julio. La guerra había comenzado.

Uno de los hechos más dramáticos que vivió Bolivia en esos a los fue una suerte de guerra interna. Mientras se preparaba para movilizar a miles de soldados al frente, entre 1932 y 1934 se produjeron varios levantamientos campesinos en el altiplano que obligaron a acciones militares de represión. Los levantamientos no sólo fueron promovidos por jefes indios, sino por activistas contrarios a la guerra casi todos ligados al anarquismo y al socialismo. El reclutamiento de soldados en el campo fue traumático y devino en una terrible y muchas veces sangrienta confrontación interior. Una paradoja más de una nación que combatió en el frente externo y en el interno

Las fases del conflicto y las difíciles relaciones entre Salamanca y El Alto mando
La guerra del Chaco puede dividirse en cuatro fases, la primera entre junio y diciembre de 1932 en que el conflicto comienza y ambos ejércitos se preparan para una contienda que sería de largo aliento. Bolivia pasa a la ofensiva. La segunda fase se desarrolla entre diciembre de 1932 y diciembre de 1933 en que Bolivia combate bajo la conducción de Kundt, es el último momento de la ofensiva boliviana. La tercera fase entre diciembre de 1933 y enero de 1935 de plena ofensiva paraguaya. La última entre febrero y julio de 1935 en que se da la exitosa defensa de Villamontes y el acuerdo de tregua.

En Paraguay el Presidente Eusebio Ayala dejó toda la responsabilidad de la guerra al General José Félix Estigarribia, militar de gran capacidad educado en la escuela francesa de Saint Cyr que llevó exitosamente a sus tropas en la contienda y condujo las operaciones sin injerencias. En Bolivia en cambio, el Presidente Salamanca desconfió y miró a menos a su alto mando.

La tensa relación entre ambas partes provocó la caída de Salamanca, pero además determinó que el Presidente condujera las operaciones desde el palacio de gobierno de La Paz. Sus órdenes no siempre eran cumplidas y los militares en el frente se sentían despreciados y ultrajados por el mandatario. Así fue que Bolivia tuvo cinco jefes militares a lo largo del conflicto. Filiberto Osorio (1932), José L. Lanza (1932), Hans Kundt (19324933) y Enrique Peñaranda (1933-1935). El único que tuvo mando absoluto y sin trabas fue Kundt.

Manuel Marzana (1889 – 1980)
Marzana es quizás el mayor héroe boliviano de la guerra del Chaco, él simboliza al medio millar de bolivianos que defendieron, muchos de ellos con su vida, el fortín Boquerón.

El Gral Marzana nació en Tarabuco (Chuquisaca) el 7 de junio de 1889. Estudió en Sucre. Ingresó al colegio militar en 1907. En 1914 logró el grado de teniente. Fue edecán del Presidente Gutiérrez Guerra. En 1925 formaba parte del Consejo Supremo de Guerra.

Fue parte del tribunal de Justicia Militar entre 1930 y 1931. En el comienzo de la guerra comandó el regimiento Campos 6 de infantería. En 1932, a los 43 años, tomó y defendió Boquerón con el llamado destacamento Marzana. Fue hecho prisionero y estuvo preso en Paraguay hasta 1936. En ese año fue nombrado prefecto de Chuquisaca. En 1937 fue ascendido a coronel. En 1962 el senado lo nombró de modo honorífico General de Brigada. Murió a los 90 años en La Paz el 4 de enero de 1980.

1932 Boquerón, el escenario de los héroes
En Boquerón, el ejército de Bolivia escribió una de las páginas más brillantes de su historia, dando muestras de un heroísmo admirable. El destacamento que tras la muerte de Aguirre comandaba Marzana tuvo Boquerón bajo su control entre agosto y septiembre de 1932. El gobierno paraguayo decidió la retoma de los tres fortines como cuestión de honor nacional. La ofensiva paraguaya comenzó el 9 de septiembre. Bolivia planteó la defensa en el mismo tenor, no se debía ceder el fortín bajo ningún concepto. Ambos países pensaron que este episodio definiría el carácter de la guerra e influiría sobre la moral nacional. Los defensores bolivianos sumaban apenas 448 con 350 fusiles, 40 ametralladoras, 3 cañones y dos antiaéreos.

Estigarribia llegó a plantar alrededor de Boquerón una fuerza de entre 9.000 y 11.500 efectivos de acuerdo a fuentes paraguayas. El jefe paraguayo pensó que esa relación de más de 10 a 1 le permitiría un triunfo fácil y rápido. No fue así. Marzana y sus hombres resistieron por 20 días. En la primera jornada los paraguayos se acercaron hasta menos de 50 metros de las trincheras pero fueron repelidos con fuego nutrido. Los batallones bolivianos que salieron a socorrer Boquerón no pudieron llegar a su objetivo, todas las vías estaban cortadas por el enemigo, pero los paraguayos retrocedieron desanimados ante la magnífica defensa, permitiendo el ingreso de un regimiento boliviano al mando de Tomás Manchego. Tres días tardó el ejército paraguayo en rodear completamente el fortín. Marzana había agotado las municiones de los cañones y pidió ahorrar balas y disparar sólo con blanco seguro. El capitán Víctor Ustarez rompió heroicamente el cerco y entró a Boquerón con 58 hombres, reforzando y subiendo la moral del contingente de defensores. Una nueva incursión de Ustarez fuera del fortín para conseguir más refuerzos le costó la vida al héroe.

Los ataques en oleadas sobre el fortín agotaron la defensa. Los víveres se terminaron, el único pozo de agua accesible era atacado por un nido de ametralladoras paraguayo, acercarse era muerte segura, un par de cadáveres de soldados bolivianos flotaba en el pozo. Los pertrechos que lanzaba la aviación boliviana caían casi siempre fuera de las trincheras (la aviación boliviana tuvo un destacado papel en toda la guerra. Fue siempre superior a la paraguaya, contaba con un equipo moderno de aviones Curtiss que dominaron el aire del Chico). Los soldados eran casi espectros, pero no se rendían. El alto mando pedía lo imposible, resistir quince días más hasta la llegada de refuerzos. No había fuerzas ni para enterrar a los compañeros caídos. El 19 no había balas sino para un combate de diez minutos.

Los soldados desesperados empezaron a beber sus propios orines. Marzana decidió pedir una tregua para una capitulación honrosa. Levantó bandera blanca, los paraguayos que estaban a escasos metros de las trincheras creyeron que era rendición y se abalanzaron y tomaron el fortín. En silencioso homenaje, el mando paraguayo vio salir a los héroes que quedaban vivos en harapos, casi sin poder caminar. Centenares de muertos y moribundos yacían allí. Estigarribia creyó siempre enfrentar a por lo menos 1.500 bolivianos; en el mejor momento no habían llegado a 700. Sobrevivieron menos de 450. El Presidente paraguayo dijo “los bolivianos pelearon con tal bravura y coraje…que merecen nuestro respeto”. Marzana dijo al volver de tres años de prisión en Paraguay: “No hicimos más que cumplir con nuestro deber”.

Hans Kundt (1869 – 1939)
Nació en Neustrelitz (Mecklenburgo, Alemania) el 28 de febrero de 1869. De familia de militares, se graduó como subteniente en 1889. En 1902 integró como capitán el alto estado mayor alemán.

En 1908 llegó por primera vez a Bolivia. En 1911 comandó una misión para reestructurar el ejército boliviano. Combatió en la primera guerra mundial en Polonia y Galizia donde fue herido y luego condecorado.

Volvió a Bolivia en 1921 ya como general. Adoptó la nacionalidad boliviana y ce mandó otra misión reestructuradora. En 1923 fue nombrado ministro de Guerra por Bautista Saavedra.

En 1930 dejó Bolivia a la caída de Siles. Convocado por clamor popular retornó a fines de 1932 a los 63 años, para hacerse cargo del ejército en campaña en el Chaco. Condujo la guerra hasta diciembre de 1933. El fracaso de su conducción lo obligó a renunciar y abandonar el país para siempre. Kundt murió en Lugano (Suiza) el 30 de Agosto de 1939 a los 70 años.

1932 – 1933. Kundt a la cabeza. Ofensiva y desangramiento 
La retoma paraguaya de los fortines Corrales, Toledo y Boquerón abrió una contraofensiva que condujo a una retirada poco afortunada del ejército boliviano, que entre el 19 y 23 de octubre de 1932 fue derrotado en Arce y Alihuatá .El fortín Arce (uno de los más importantes del ejército boliviano) fue abandonado e incendiado y las tropas sólo pudieron reorganizarse en Kilómetro 7, bajo el mando de Bernardino Bilbao Rioja quien planteó exitosa defensa rompiendo las líneas de ataque paraguayas.

Arce y Alihuatá dejaron un sabor amargo en el pueblo que clamó por el cambio del alto mando y el retorno de Hans Kundt. La ciudadanía exigió que el general alemán se haga cargo del comando de las FF.AA. Salamanca, no muy convencido, no tuvo más remedio que llamarlo y además cederle todas las prerrogativas militares que había disputado con los jefes bolivianos. El 6 de diciembre de 1932 Kundt se hizo cargo del mando y se trasladó a Villamontes. La filosofía de Kundt era muy sencilla había que tomar la iniciativa y atacar sin tregua. En el año de su mando Bolivia llegó al punto más al sur del Chaco en una ofensiva permanente. En pocos días recuperó los puestos perdidos de Platanillos y Loa. Entre Enero y Junio de 1933 atacó Toledo, retomó Alihuatá y campo Jordán (donde murió heroicamente Germán Jordán), retomó luego Arce y Gondra. Fue un avance arrollador que se detuvo dramática y definitivamente en Nanawa. En esas acciones de avance se destacó la valentía de Germán Busch y los oficiales Rodríguez, Reque Terán, Morales, De la Riva y Barrero.

Kundt hizo erradamente de Nanawa una cuestión vital. Decidió atacar contra la opinión de Salamanca. Los paraguayos prepararon durante seis meses su defensa (ya se había producido un ataque boliviano sin éxito en enero), ubicando 9.000 hombres un las trincheras y el puesto. Bolivia tenía también 9.000 hombres (En Boquerón Paraguay tuvo una relación ventajosa de 11 a 1, en Nanawa la relación era de 1 a 1). El ataque se produjo entre el 4 y 8 de julio de 1933. Bolivia usó por primera vez cuatro tanques y varios lanzallamas. Fue una ofensiva suicida de cuatro días en los que las fuerzas de Bolivia conquistaron algunas trincheras, pero terminaron exhaustas y tuvieron que retroceder y abandonar el intento. 2.000 soldados bolivianos perecieron en ese heroico e inútil ataque, dejando un panorama macabro, una verdadera carnicería. “Los cañones se doblaban de tanto disparar” relató un ex-combatiente boliviano. En Nanawa terminó el impulso ofensivo de Bolivia.

Entre agosto y diciembre de 1933 Estigarribia contraatacó, produciendo la caída de Campo Grande, Alihuatá y Campo Vía (6 al 11 de diciembre de 1933). Campo Vía fue el peor desastre militar boliviano en toda la guerra. El cerco de los paraguayos produjo la caída de dos divisiones enteras, la cuarta y la novena, 7.500 hombres fueron hechos prisioneros con todo y su armamento. Sólo pudo salvarse un destacamento de 3.000 hombres al mando del Cnel. Enrique Peñaranda que rompió el cerco paraguayo. Fue la caída de Kundt. Salamanca lo relevó del mando y, a pesar de haber decidido que José L. Lanza lo sustituya, el Cnel. Toro en una maniobra hizo que Kundt firmara su última orden, el nombramiento de Peñaranda que había sido ascendido a general por el congreso en mérito a su última acción en Campo Vía. Salamanca no pudo hacer otra cosa que ratificarlo.

1934. La incesante ofensiva paraguaya
A partir de Campo Vía Estigarrabia se dio cuenta de que sus posibilidades de hacer retroceder al ejército boliviano eran muy buenas y atacó. Bolivia tenía sus dos mayores centros de operaciones en Muñoz y Ballivián sobre el Pilcomayo.

En el comando boliviano la influencia de los coroneles Ángel Rodríguez y David Toro sobre un Peñaranda más bien indeciso, diluyeron la estructura de autoridad que tuvo varias contradicciones. Con todo, entre marzo y abril, Bolivia logró éxitos parciales en La China, Campo Jurado y Conchitas. En Cañada Strongest, siguiendo la táctica paraguaya, el ejército boliviano embolsó a la segunda y séptima divisiones paraguayas. Fue el mayor éxito militar boliviano en la guerra. Los vencedores dejaron en el campo más de 500 muertos paraguayos y tomaron prisioneros a 1.400 soldados y oficiales con su armamento.

Pero Estigarribia no se detuvo, logró derrotar a los bolivianos en Cañada, Tarija, tomando otro alto contingente de prisioneros y se dispuso a tomar Ballivián que concentraba 18.000 hombres y la mayor cantidad de reservas y pertrechos de todo el frente de operaciones. En julio Estigarribia no pudo tomar Ballivián. Decidió entonces abrir otro frente, esta vez sobre el río Paraguay con la toma de Picuiba y Carandaití.

En septiembre los contraataques bolivianos en Algodonal y la Rosa, que estuvieron a punto de tomar entera una división paraguaya, frenaron la ofensiva, pero Estigarribia volvió a presionar sobre Ballivián. A pesar de que Bolivia logró organizar una retirada con orden y destruir Ballivián antes de abandonarlo, los paraguayos tomaron dos divisiones con un saldo de 4.000 prisioneros y casi 2.000 muertos (noviembre de 1934).

El “Corralito” de Villamontes. Caida de Salamanca
Noviembre de 1934 fue un mes complejo y aciago en Bolivia. Las relaciones entre Salamanca y el alto mando eran entonces pésimas. A pesar de la guerra, se convocó a elecciones para Presidente y éstas se realizaron el 11 de noviembre. El candidato oficial Franz Tamayo (59,2 % de los votos) derrotó a Juan María Zalles. Tamayo Presidente electo, nunca llegaría a posesionarse ante la realidad de los vergonzosos hechos de Villamontes.

La caída de Ballivián colmó al Presidente que destituyó a Peñaranda y posesionó a Lanza, el 26 de noviembre. El 27 el Presidente llegó a Villamontes acompañado de Lanza, el nuevo comandante. Allí lo esperaban Peñaranda, Toro, Busch, Moscoso y otros oficiales que habían decidido desacatar el nombramiento y derrocar al Presidente. Encerrado, desarmado y prácticamente solo en el edificio del comando, el anciano Presidente recibió la intimación para renunciar. No tuvo alternativa.

Mientras los soldados combatían denodadamente en el frente, los jefes militares derrocaron en pleno comando de operaciones al Presidente de Bolivia. Salamanca, su hijo y el Gral. Lanza fueron embarcados en un avión hacia Santa Cruz. El 28 de noviembre, guardando las formas democráticas, se posesionó José Luis Tejada Sorzano, cuyo objetivo era buscar la paz lo antes posible. Las características de este golpe de estado hicieron que fuera recordado por la historia como el “corralito” de Villamontes.

Bernardino Bilbao Rioja (1895 – 1983)
Bilbao es sin ninguna duda otro de los grandes héroes de la guerra. Militar de honor, modesto y organizado fue el gran protagonista de Kilómetro 7 y de la defensa de Villamontes, dos de los mayores éxitos de armas de Bolivia.

Bernardino Bilbao nació en Arampampa (Potosí) el 20 de mayo de 1895. En la carrera militar no sólo estuvo en el ejército, sino que fue de los pioneros de la aviación. Fue miembro de la junta de gobierno de 1930. Combatió en el Chaco y llegó al grado de coronel. Fue uno de los oficiales más destacados en la contienda y estuvo lejos de las intrigas y problemas del alto mando. En 1935 contaba con 40 años.

En 1939, tras la muerte de Busch, fue nombrado comandante en jefe del ejército. En ese mismo año fue golpeado en palacio de gobierno y desterrado por el gobierno de Carlos Quintanilla que lo consideraba un potencial enemigo político. Se hizo militante de FSB y fue su candidato presidencial en 1951 y 1966. Murió en La Paz el 13 de mayo de 1983 a los 88 años.

1935. La exitosa defensa de Villamontes
Entre noviembre de 1934 y enero de 1935 el avance paraguayo fue frenético, al punto que el 14 de enero Estigarribia tomó una banda del río Parapetí, logrando el sueño imposible de tocar el punto más al norte de la aspiración paraguaya sobre el territorio chaqueño.

El combate había llegado de manera insospechada a los contrafuertes de la cordillera de los Andes (cordillera del Aguaragüe), donde la ventaja geográfica y el conocimiento del medio fue un factor para destacar la capacidad combativa del soldado boliviano. Igual que Bolivia al comenzar la guerra, los paraguayos estaban demasiado lejos de sus centros de abastecimiento y tenían serios problemas. A pesar de ello, Estigarribia, tentado por la proximidad de los campos petroleros bolivianos, decidió tomar Villamontes. Para Bolivia la defensa de Villamontes fue realmente de vida o muerte, no sólo por defender su riqueza petrolífera amenazada, sino por el riesgo potencial que se cernía sobre dos centros urbanos importantes, Tarija y Santa Cruz. El Cnel. Bernardino Bilbao Rioja fue encargado de organizar la defensa.

Bolivia levantó prácticamente un nuevo ejército (el tercero a lo largo de la guerra); casi 30.000 hombres defendieron la plaza con artillería pesada y pertrechos bélicos nuevos. Se construyeron trincheras por kilómetros y se organizó una notable red de comunicaciones internas. Bilbao era un militar de primer nivel y lo demostró en su celo organizativo. Paraguay puso 15.000 hombres al frente. El ataque a Villamontes comenzó el 16 de febrero de 1935.

Era un intento suicida, la superioridad numérica boliviana, más aún en posición defensiva era abrumadora. Fue una semana infernal, a pesar de haber logrado abrir dos o tres brechas, los paraguayos caían por cientos en sus ataques de oleadas sucesivas, barridos por la artillería y las ametralladoras bolivianas. El 23 de febrero, después de haber dejado miles de hombres muertos en el campo, Estigarribia se dio cuenta de que la ofensiva había fracasado y que había sido derrotado en Villamontes. Bolivia realizó entonces operaciones tímidas de contraofensiva, mientras el agotado ejército paraguayo emprendía una retirada que implicó la cesión del Parapetí. En mayo de 1935, los paraguayos se habían replegado hacia el sur casi 150 kilómetros.

La ruta diplomática en la guerra y la firma de La Paz
Al comenzar la guerra Bolivia fue vista internacionalmente como el país agresor y como la nación más poderosa de las dos, por esa percepción Paraguay logro simpatía para su causa. En 1933 una comisión de neutrales pidió el retroceso de Bolivia hasta Ballivián. En la conferencia de paz de diciembre de 1933 se logró un armisticio de algo más de un mes.

En 1934 los representantes bolivianos David Alvestegui, Alberto Ostria, Enrique Finot y Casto Rojas lograron notables éxitos diplomáticos hasta invertir la figura. Paraguay apareció como nación agresora y Bolivia logró la ratificación del libre tránsito de sus productos por las naciones vecinas, salvo claro, Argentina. Se levantó el embargo de armas contra Bolivia y se lo mantuvo contra Paraguay que se retiró de la Liga de las Naciones.

En junio de 1935, bajo la presión del canciller argentino Carlos Saavedra Lamas que estaba claramente a favor de Paraguay, se intensificaron las negociaciones de paz. El 12 de junio de 1935 se firmó el protocolo de paz entre los cancilleres Tomás Elío de Bolivia y Luis Riart de Paraguay. El 14 de junio a las 12 del mediodía terminó la guerra. Entre 1935 y 1938 se realizaron ardua: negociaciones para definir los nuevos límites, devolver prisioneros y lograr una salida soberanía de Bolivia al río Paraguay (que finalmente se le negó). El 21 de Julio de 1938 se firmó en Buenos Aires el tratado de paz, amistad y límites definitivo entre Bolivia y Paraguay, lo suscribieron Eduardo Diez de Medina y Enrique Finot por Bolivia y Cecilio Baez y José Félix Estigarribia por el Paraguay.

La guerra dejó un saldo terrible. Bolivia movilizó tres ejércitos con un total de 200.000 hombres, con un saldo de 50.000 muertos y 20.000 prisioneros. El costo de la guerra fue de 228 millones de dólares, financiados por el banco Central y algunos préstamos de empresarios mineros ya que tenía su crédito internacional suspendido. La consecuencia fue el inicio de un proceso inflacionario. Paraguay movilizó 150.000 soldados, con un saldo de 10.000 muertos y 2.500 prisioneros. El costo de la guerra fue para ese país de 128 millones de dólares.

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